El cura


 

 

 

Un orondo clérigo “manejaba” la ciudad. Rodeado de reverencias y besos en su anillo controlaba desde el Cabildo Catedralicio al afán del albañil del pelotazo, convertido en nuevo rico, pasando por el joyero sumergido o los comerciantes adinerados, sin dejar de lado los confesionarios donde regurgitaba el alma corrupta de la urbe.

Le presuponían una desmedida tendencia a los mariscos, es especial a los langostinos y ejercía de banquero de la subvención, desde su alta deidad canoningia que presidía un firmamento de favores y enchufes. Prohombres de la política, toreros y especuladores varios le debían su ascenso y fortuna. Y un gran empacho de culto a la personalidad y una empinada egolatría coronaron sus últimos y eternos años en un cargo del que parecía inabordable. Todo antes de la Gran Catástrofe.

El sol, apenas amanecido, iluminó las primeras y osadas auditorias. Y en medio del comprado silencio, llegaron los inspectores. Y vieron que aquello “no estaba bien”. Mucho ladrillo y mucho crédito a los ladrilleros amigos.  Y la burbuja a punto de explotar. Y el precio de los langostinos subiendo en el mercado.

Lanzó su musculatura de “judío de la Sierra” y se auto-otorgó la mejor jubilación jamás soñada. Ni siquiera se puede decir que aquello fuera un blindaje. Fue un auténtico barniz de oro, seguro de vida para las cigalas y garras de pantera para lo que pudiese venir.

Agitaronse los tingladillos de aquel entramado de enchufados, vísceras agradecidas y canónigos corriendo, y, gárgolas, gorgonas y arpías de piedra de la Catedral parecieron tambalearse porque el “don” podía caerse. Frente al portal de la mansión donde vivía empezaron a aparcar extraños y lujosos vehículos de ese entramado empíreo de personas importantes de la política y la banca. Algo se cocía. Y se coció.

El “Cura” abandonó su sempiterno cargo, blindado hasta los dientes, polizonte de todos los seguros y reaseguros y antes del estrépito final la Jerarquía le nombró substituto.  Y el ataque de inspectores y auditores fue al cuello de aquella inmensa piedra, madre de todos los compadres y de todo el mercadillo de favores a buen precio que había sido la ciudad durante setenta años.

Como una inmensa red o trama -¿quizás mafia?- quedaban todos los que habían accedido a sus envidiables empleos por el tarjetazo o por la bendición de su eminencia. Un contorno de pelotas, meapilas y amigos de la sotana, nido de serpientes que se comía por dentro los dineros de todos, antes de la gran depresión que habría de sobrevenir y que explosionaría después, llevando los coeficientes de riesgo a impagados e incobrables efectivos, junto a los bulbos del ladrillo de los albañiles enriquecidos y el oro sumergido de presuntos empresarios de presunta fortuna.

El Cura guardó todo el silencio que pudo, entre cigalas, langostinos y langostas y el gran crack rodó, pendiente abajo, entre el silencio de los consejos de administración y la complicidad de los autonomeros, hollín de la política de aldea y oportunista. Quedó el valle de Josafat con las sepulturas abiertas.

Y un gran estercolero acogió las pérdidas multi-millonarias y fueron inútiles todas las fusiones, absorciones y transfusiones. Quiebra de todas las quiebras.  Y el Cura con sus langostas.

Nadie pide la garantía. Todos los relojes, y todos los ratios de solvencia,  eran falsos.

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Acerca de lucasleonsimon

Nací en Córdoba en agosto de 1947 en el seno de una familia republicana, represaliada por el franquismo. A los catorce años comencé a trabajar en la empresa Cenemesa, más tarde Westinghouse y más tarde ABB. Me inicié en el sindicalismo y la política clandestina, al mismo tiempo. Fui concejal del Ayuntamiento de Córdoba entre 1983 y 1987, en el gobierno de Julio Anguita. Desde 1985 he ejercido el periodismo de opinión en medios como Diario 16, Nuevo Diario de Córdoba, La Tribuna, La Información, Diario de Andalucia y Agencia Efe.
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2 respuestas a El cura

  1. rafa el bueno dijo:

    Si. Todo lo que se dice de Don Vito Castillejo es cierto y otras muchas cosas mucho peores, que nunca llegaremos a saber.
    Pero mucho más sangrante ha sido el que la izquierda política, se haya vendido a ese poder absoluto de la Iglesia cordobesa, que ha rruinado Córdoba para varias generaciones, traicionando sus propios principios republicanos.
    El Cura ha sido el Comendador de Córdoba y de buena parte de Andalucía, porque precisamente la izquierda, le dió ese poder absoluto.
    Ha sido el poder político, el que nos ha engañado y traicionado.
    Don Vito tiene muchas más fotos con Doñarrosa y los suyos, que con los meapilas de siempre.
    Don Vito impuso a su amiga Doñarrosa en el PC é IU, a cambio de financiación gratis y así Doñarrosa acabó con la izquierda é impuso su rosismo.
    Y fué la izquierda sociolista, la que le robó a Córdoba la caja provincial y el palacio de Viana, para regalárselos a la Iglesia.
    Y fué esa misma izquierda, la que cambió la ley financiera andaluza, para que los Curas tuvieran el poder absoluto en Cajasur, para hacer lo que han hecho.
    Y todavía al final, cuando los Curas habían quebrado Cajasur, en lugar de llevarlos a los tribunales, si llegan a aceptar la absorción con Unicaja, le habrían dado más dinero e inmuebles valiosísimos.
    Y con todo eso, el B.E. ha esperado 5 años para abrir expediente, para que prescribieran los grandes delitos de fray langistono.
    ¿Quién és peor?

  2. Demócrata dijo:

    Lo mejor que he leído sobre “El Tesorero de la Cateral”

    Le felicito.

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