Don Ingenio


No, no se trata de ser incultos por la fuerza de las armas, ni de leer a James Joyce mientras se canta el “Cara al Sol”. Después que una caterva de camisas azules quemara en la plaza pública los libros de don Antonio Jaén, los que mandaron en la ciudad fueron Don Bruno y su siniestro tricornio, los escuadrones de la muerte, los curas, las beatas de interminables novenas y tres o cuatro “espabilaos”, usureros de pro, que se las daban de “empresarios”.

Su primera empresa fue el “cordelillo”, es decir venderle ollas y cacerolas a los pobres, anotando en el Registro de la Propiedad de su grueso libro las pequeñas aportaciones diarias de quien peleaba a diario con el hambre y los bichos de las lentejas.

Mas tarde se dedico al “cine”. No como Samuel Bronston, sino proyectando en una sala llena de sudados espectadores los películas -¿?- de Miguel Ligero, Agustina de Aragón y esas visiones de la realidad que siempre pasaban por un pollo asado o un jamón con chorreras, himno y saludo fascista, al principio y final de la proyección, aparte.

Pero como don Ingenio era un genio halló la piedra filosofal en un principio que mas tarde daría vuelos de “novísimos” a los teóricos del Gran Capitalismo: la división de riesgos y empresas. No tuvo que leer a Mario Puzzo, sus hijos y su mujer ya le llamaban siempre “don” y “el jefe” cuando se referían a él.  Era su marca de fábrica.

Del cine de Tarzán y Lola Flores al universo de la turmix, y de ahí al gran almacén de electrodomésticos, no había nada. Parece que el paganismo había vuelto a pesar que “El Cura” cambió el oficio de Canónigo Penitenciario por el de administrador de empeños y ahorros. Y la ciudad seguía llena de novenas, camisas pardas y leche aguada, mientras los bolsillos del estraperlo se llenaban al mismo tiempo que las castas panzas de los jerifaltes de mire usted que movimiento nacional sindicalista.

Pero don Ingenio no paraba. Convertido por absentismo forzado de los demás en “empresario modelo”, daba el salto al ladrillo, a los televisores en blanco y negro, a las lavadoras, a la automoción… y construía un imperio, entre las alabanzas de la prensa oficial-verticalista y las bendiciones – y los créditos a bajo interés- de su amigo “El Cura”. Que para eso están los amigos. Y para usurar a los pobres que empezaban a tener cuarto de baño e hipoteca  propias por los lares del Barrio de la Guita.

La moral, tan escuálida la pobre, abandonaba los confesionarios y se refugiaba en las comisarías y los negocios de don Ingenio, crecían y crecían. Para eso era un empresario afecto al Régimen. De hecho siguieron creciendo hasta bastantes años después de que “El General” se fuera a los infiernos pasando por Cuelgamuros y los hijos de don Ingenio, de grandes dotes intelectuales e intelectivas, continuaran la expansión comprando fincas rústicas con los créditos fáciles que les daba “su” banco, es decir el de “El Cura” y cortando y poniendo cancelas y candados a los caminos públicos y las vía pecuarias.

De tanta loa y éxito, don Ingenio llegó a creer que era él el que iniciaba el movimiento de todos los astros en el instante que se despertaba. -Solo con la duda de que “El Cura” pensaba lo mismo de su barriga hinojoseña.-

 Ahora llegaban los negocios de informática y autos de lujos, que el cordelillo era pasado y los periodistas contratados para darle lustre a su currículo ya trabajaban en el tema.  Y, en plena re-evolución de imágenes y asesores,  llegaron a darle el título -¿o lo compró? – de académico numerario de la Real Academia de Ciencias Sociales de Andalucía. De cualquier manera Aznar también estaba comprando con dinero público la medalla de honor del Congreso yanqui y no pasaba nada.

Pero la vida es una ficción en la que Gary Cooper muere de verdad, y el juez de la horca, y los indios, y los vaqueros… y Don Ingenio.  Que a ver si se había creído alguien que con tanto dinero no se iba a morir.

Tendremos el privilegio de ignorarlo. Pero esta ciudad, esta gente, estos genios, han existido. Y hasta ayer, te los podías cruzar por la calle. Era ese el momento en el que te dabas cuenta que te acaban de sentenciar a muerte.

Acerca de lucasleonsimon

Naci en Córdoba en Agosto de 1947 en el seno de una familia republicana, represaliada por el franquismo. A los catorce años comence a trabajar en la empresa Cenemesa, mas tarde Westinghouse y mas tarde ABB. Me inicie en el sindicalismo y la política clandestina al mismo tiempo. Fui concejal del Ayuntamiento de Córdoba entre 1983 y 1987 en el gobierno de Julio Anguita. Desde 1985 he ejercido el periodismo de opinión en medios como Diario 16, Nuevo Diario de Córdoba, La Tribuna, La Información, Diario de Andalucia y Agencia Efe.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Don Ingenio

  1. Demócrata dijo:

    Verdaderamente esa es la historia de nuestra ciudad. Basta repasar la hemeroteca para dar crédito a lo expone nuestro ciudano Lucas.

    De nuevo le felicito por su página.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s