Fundamentalismos


 Da nivel de moderación hablar de fundamentalismos. Los de los demás. Y casi siempre asociados a una plebe islámica fanatizada que quiere acabar con el sionismo o unos sindicalistas violentos que quieren hacer huelgas generales e impiden el acceso a los clientes del Corte Inglés.

Aunque hablando de fundamentalismos es muy flaca la memoria. Se olvida, por ejemplo, que la Inquisición, que tuvo el calificativo de “Santa”, mandó a la hoguera por un “quítame allá esa herejía” a cincuenta millones de personas en lo que hoy son católicos países europeos. Parece que un importante “fundamentalismo”.

Pero hay otras variedades de intolerancia fundamental. La de todos los días. Esos indignados ciudadanos que te encuentras en el autobús, despotricando contra Zapatero o las normas de tráfico. De lo mal que van ahora las cosas y de lo bien que iban antes, con Franco. Hablando con palabras prestadas de Esperanza Aguirre o de Jiménez Losantos, reproduciendo debates de Intereconomía y defendiendo una pureza patria de inspiración“castellano centralista”. Un conjunto de valores culturales y estéticos -¿?- que va entre el Real Madrid y el Nacional Catolicismo.

Su idea “fundamental” de la Patria y la Nación Española le hubiera hecho, en otro tiempo, fusilar al amanecer, no sólo al que osara hablar en catalá o galego o que dijera Euzkadi en vez de “Provincias Vascongadas”, sino a todos los socios y simpatizantes del Barça que no aceptan de buen grado la indiscutible superioridad de “lo castellano”, el Quijote, El Cid y el “Madri”, quintaesencia de los valores supremos y universales. De todo tipo.

Están ahí, en la barra del cualquier bar, en las paradas de taxi o en la peluquería de la esquina. Tienen su particular Corán y su particular profeta de la verdad revelada. Y no declaran la Guerra Santa porque ya lo vienen haciendo desde hace treinta y cinco años.

Son fundamentales y fundamentalistas, y desde el fondo de su corazón, le gritan al fascista irredento que llevan dentro.

Acerca de lucasleonsimon

Naci en Córdoba en Agosto de 1947 en el seno de una familia republicana, represaliada por el franquismo. A los catorce años comence a trabajar en la empresa Cenemesa, mas tarde Westinghouse y mas tarde ABB. Me inicie en el sindicalismo y la política clandestina al mismo tiempo. Fui concejal del Ayuntamiento de Córdoba entre 1983 y 1987 en el gobierno de Julio Anguita. Desde 1985 he ejercido el periodismo de opinión en medios como Diario 16, Nuevo Diario de Córdoba, La Tribuna, La Información, Diario de Andalucia y Agencia Efe.
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