El crepúsculo del capitalismo


 

Un ministro de un Franco ya cadavérico, Gonzalo Fernández de la Mora, que se las daba de filósofo y politólogo, escribió un ensayo que se llamaba “El crepúsculo de las ideologías”.

Desde una teórica ausencia de ideología, que ya es una ideología en si, y subido a una marea tecnocrática y desarrollista, este eximio opus-deísta creyó entender que se habían acabado las ideologías.

El nuevo fracaso de la reunión del G-20 celebrada hasta ayer en Seúl, sumado al fiasco de Toronto, nos pone en situación de pensar que el capitalismo, como forma de administración de los intereses globales del planeta, ha llegado a su definitivo crepúsculo.

Dicen, los expertos, que en realidad no estamos viviendo una crisis sino tres. Y una guerra, la de divisas, complementaria.

La “crisis financiera” de 2007, ocasionada por los hipotecas tóxicas, la quiebra  de Lheman  Brothers y la explosión de la burbuja inmobiliaria fue seguida de la crisis de “la economía real” producida, curiosamente, por las exigencias de la banca internacional para controlar el déficit público que se había producido por la “generosa” actuación de los gobiernos –dos billones de dólares sólo del gobierno USA- para salvarla del colapso general en que se encontraba.

Llegó la tercera crisis, dicen que la actual, y a la que llaman “crisis fiscal” por la incapacidad de los gobiernos para hacer que la fiscalidad de sus impuestos logre reactivar sus decrépitas economías.

Y además estamos en plena “Guerra de las divisas” en la que los gobiernos occidentales no consiguen que la China emergente aprecie su moneda y abarate así el precio de sus exportaciones y los USA no se les ocurre otra cosa que darle a la manivela y poner en el mercado en una semana otro billón de billetes.

El G-20 se va de Seúl como llegó, impotente, incapaz y resignado a su suerte. Obama dice “que la velocidad no es tan importante (…) a veces hay un proceso evolutivo”.  Y en esas estamos. Sin velocidad y sin tocino.

No hay gobiernos, no hay partidos, no hay ideologías y el Banco Mundial, El Fondo Monetario Internacional y la OCDE (capitalismo crepuscular en estado puro) patronean el planeta. Y tres crisis y una guerra amenazan con arrollarnos.

Y se dan paradojas curiosas. Dicen que China ha podido comprar ya el 80 % de la deuda portuguesa. Y que hay conversaciones avanzadas para hacer lo propio con la española.

Con lo que aparte de trágico, no deja de resultar divertido pensar en el señorito conservador hispano, de puro y casino, lector de ABC, cuya riqueza se ha podido salvar de la ruina total por la inversión de un país nominalmente comunista.

Puede que el sueño crepuscular de Fernández de la Mora ya nunca tenga final.

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Acerca de lucasleonsimon

Nací en Córdoba en agosto de 1947 en el seno de una familia republicana, represaliada por el franquismo. A los catorce años comencé a trabajar en la empresa Cenemesa, más tarde Westinghouse y más tarde ABB. Me inicié en el sindicalismo y la política clandestina, al mismo tiempo. Fui concejal del Ayuntamiento de Córdoba entre 1983 y 1987, en el gobierno de Julio Anguita. Desde 1985 he ejercido el periodismo de opinión en medios como Diario 16, Nuevo Diario de Córdoba, La Tribuna, La Información, Diario de Andalucia y Agencia Efe.
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4 respuestas a El crepúsculo del capitalismo

  1. impulsoverde dijo:

    La economía es un subsistema que está funcionando como si no existieran límites, autonomamente del capital natural sobre el que se asientan (recursos, materias primas y vertederos) y tanto los recursos ( pico del petróleo, pérdida de biodiversidad,…) como los vertederos ( calentamiento global, contaminación por nitratos,….) están en proceso de agotamiento y estallará, siendo la actual crisis una caricatura pobre de la crisis socioambiental que se avecina.

  2. Demócrata dijo:

    No cabe duda que estamos en el final de una época. El problema está que los valores en que está basamentada la sociedad no tienen alternativas con proyección de futuro. Algún profeta de catástrofes predijo algo parecido. La solución pude estar en mi modesto entender en cambiar los valores actuales, de forma que aquello que emana de lo mejor del ser humano sea por fin aceptado, sino es así, el profeta de calamidades acertará.

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