Irreal Madrid


Las grandes efigies se mueven, y al poco, caen. Todo su universo era la prepotencia, la gesta irreal propalada por la red patriotera de altoparlantes, las glorias rancias y antiguas conseguidas con la ayuda del general, la sublimación del centralismo en forma de chotis hortera, cara al sol y a su escudo de la raída gloria hispánica.  De las celebraciones, de las demostraciones sindicales de adhesión incondicional hemos pasado a los “ceroacincos”, a la sublevación de la periferia y al repudiamiento de la mixtura que nos vendía los éxitos europeos frente a la carencia de pan y libertades.

Llegaron, para frenar tanta decadencia, los empresarios triunfantes subidos a su burbuja de ladrillo. Todo tenía que volver a ser, sobre una base de pelotazos urbanísticos, recalificaciones amparadas por el forofo de la Moncloa y una ambigua ecuación de poder y crédito. Sacaron los talonarios y las alcurnias de figurantes de relumbrón. No importaba nada, que el país se fuera al carajo por la alcantarilla de la crisis, que volviéramos a ser pobres como las ratas de las cinco copas o de las manipulaciones de arbitrajes y comités.

Éramos más ricos que nadie para recuperar la gloria perdida a base de traspasos galácticos, de estrellas de cartón piedra que se derretían apenas calentaban el sol de los resultados. La nueva era no era gran cosa y esa mitología del éxito ayudado, de la maravilla venida a menos, se tambaleaba, patinando de galaxia a galicia. No era un fracaso humano, era un resbalón sideral.

La aventura del triunfo comprado a fuerza de talonario estaba a punto de morir de muerte natural, los feligreses del palmarés tenían que volver a vivir de la historia, es decir del cuento, y una inmensa sombra geográfica caía, a plomo, sobre aquella parafernalia del caballero del honor y la merenguería.

Enésimos proyectos, sucumbidos entre la arrogancia y la palabrería, el paraíso terrenal de las remontadas sin culminar y las jactanciosas presentaciones de los “mejores del mundo”. El mundo se hacía un pañuelo que terminaba su ciclo en apenas cinco meses y en la aventura tirada por la borda del cheque con muchos ceros.

Siempre fue una muerte anunciada. En los intersticios ultras, del sur y del norte, nos llega grande, tanta gloria salida de un talonario o una burbuja de stocks options. Una cruda cosecha de fracasos, la inmensa sombra de un tiempo, “real” y felizmente ido.

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Acerca de lucasleonsimon

Nací en Córdoba en agosto de 1947 en el seno de una familia republicana, represaliada por el franquismo. A los catorce años comencé a trabajar en la empresa Cenemesa, más tarde Westinghouse y más tarde ABB. Me inicié en el sindicalismo y la política clandestina, al mismo tiempo. Fui concejal del Ayuntamiento de Córdoba entre 1983 y 1987, en el gobierno de Julio Anguita. Desde 1985 he ejercido el periodismo de opinión en medios como Diario 16, Nuevo Diario de Córdoba, La Tribuna, La Información, Diario de Andalucia y Agencia Efe.
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2 respuestas a Irreal Madrid

  1. No esperaba que tuvieras una influencia psicológica asociada al fútbol del general.
    Ya nos engañaron con el gol de Zarra.
    Es mi opinión, que dicho jugador intentó lanzar el balón fuera, pero como era bastante poco técnico, engañó al portero inglés y la metió.
    He visto al Córdoba, en el Nou Camp, en el Bernabeu, en San Mamés, y en el Arcángel, el viejo y el nuevo. Lejos del Arcángel siempre perdió. Eso no lo interpretes como un símbolo.
    Ahora cuando veo los resultados de la segunda división, especialmente el resultado del Córdoba, en la mayoría de las ocasiones digo, “otra vez será”.
    El resto de los equipos para mi son indiferentes, sus glorias y sus fracasos.

    • Estoy fuera de Córdoba. En el Maresme (Catalunya) ejerciendo “jubilarmente” y tengo alguna dificultad con Internet.

      El general nos afectó a todos, psicológica, digestiva, anímica y carceleramente. El engaño tambien era general. El centro que supuso el gol de Marcelino ante Rusia no fue de Amancio sino de Pereda (que era del Barça y quedaba feo decirlo).
      Yo he visto al Córdoba desde el campo del Brenes -junto a un cementerio- hasta en el Manzanares. Pocas veces ha ganado, pero yo me he hecho miles de kilómetros. No soporto al “madridismo sociológico” tan emparentado con el franquismo del mismo orden, ni a los fachas con la bandera del aguilucho en el Fondo Sur. No todos somos “madridistas, naturalmente” como dice Rajoy y ultrasur como Aznar. Soy periférico y me encanta la periferia, roja y republicana.

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