Un país para idiotas


Vuelven las dos Españas. Un señorito de derechas, Esteban González Pons, portavoz del Partido Popular, ha dicho: “Los españoles tienen clarísimo que no quieren que gane el PSOE (…) porque no hay ningún español tan idiota que quiera continuidad a lo que el PSOE nos ha dado”. Luego, de mala gana, se ha medio excusado en Twitter.
Resulta muy evidente que “esta media España” hace un secular ejercicio de ignorar a la otra media. No comparto nada de la práctica del ejercicio del poder del llamado socialismo de nuestra época. El PSOE ha mostrado una falta de consistencia ideológica insuperable y se ha situado como brazo ejecutor del neoliberalismo, pero nunca llamaría “idiotas” a millones de mis compatriotas.
Tampoco llamaría “idiotas” a los millones de electores que parecen que van a votar al Partido Popular en próximas convocatorias. Un partido con un nefasto programa oculto, pleno de recortes sociales y de retrocesos casi a la prehistoria de la vida en comunidad. Con su pan se lo coman.
Aun así, creo que los votantes de unos y de otros, de capullos y gaviotas, del bipartidismo que llevan imponiéndonos desde la recalcitrante transición, no hacen un adecuado ejercicio de sus capacidades democráticas. Está bien claro que ambas formaciones se han ganado sobradamente el rechazo y el repudio de las almas libres, con el uso y el abuso de sus mayorías, con los miles de casos de corrupción, con su supeditación a las políticas neoliberales, a los mercados y a la banca internacional.
Vestidos con piel de cordero, nos van a dar el cante en las próximas semanas. Pero su credibilidad está bajo mínimos. Hay un clamor de indignación que no acaba de vertebrarse hacía una formación política que sea capaz de ofrecer algo nuevo y llevar a las instituciones un afán de regeneración que cada día que pasa se hace más imprescindible.
Este país no sería idiota del todo si los mandase, a ambos, a hacer gárgaras. Si no consintiera que esta gente nos venda su averiada mercancía, su pestilente gloria y el insoportable castigo de su presencia en los escaños.
Pero parece que el fondo del mar está lleno de algas. Vivamos (y votemos) como almejas.

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Acerca de lucasleonsimon

Nací en Córdoba en agosto de 1947 en el seno de una familia republicana, represaliada por el franquismo. A los catorce años comencé a trabajar en la empresa Cenemesa, más tarde Westinghouse y más tarde ABB. Me inicié en el sindicalismo y la política clandestina, al mismo tiempo. Fui concejal del Ayuntamiento de Córdoba entre 1983 y 1987, en el gobierno de Julio Anguita. Desde 1985 he ejercido el periodismo de opinión en medios como Diario 16, Nuevo Diario de Córdoba, La Tribuna, La Información, Diario de Andalucia y Agencia Efe.
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7 respuestas a Un país para idiotas

  1. De nuevo “lo has bordado”. ¡¡Chapeau,Lucas !!

  2. Artesano dijo:

    La solución al bipartidismo que nos asfixia no la vislumbro en un nuevo Partido que como los mejores revolucionarios acabaría adocenado y corrupto, más bien en regenerar la Política, imponer una trasparencia y vigilancia totales de nuestras cargos y en traspasar las grandes decisiones a la ciudadanía. Creo más en un cambio de modelo, auspiciado por Internet, que en la mejora del actual. Todo ello exige una reforma a fondo de nuestra Constitución.

    • raromerol dijo:

      La solución al bipartidismo es votar por otros Partidos Políticos ajenos al bipartidismo, que no se aproximen a uno u otro, sino que critique a ambos, precisamente en lo que ambos defiendan o se coaliguen en medidas contrarias a los trabajadores, los derechos sociales y los de la población carente de medios de fortuna. Los Partidos que acaban adocenados son aquellos en los que no existe democracia interna, se nombran los cargos a dedo, por el sátrapa de turno, que se confirma en su jefatura por aclamación de sus subordinados, que llena sus congresos con cargos electos, políticos a sueldos, que defienden sus poltronas antes que un cambio revolucionario. Aquellos en los que no militan personas con ideas revolucionarias, que participen en sus asambleas y congresos, los controlen e impiden que se adocenen y pierdan su influjo revolucionario. Pero para ello los votantes deberían ser revolucionarios y no comodones que prefieren no votar, no cansarse con ello, no tener que pensar en decidir el voto.

      Tendrían que ser revolucionarios los votantes, a los que no les de miedo votar por Partidos revolucionarios ¿Qué revolución querrán los que se asustan de votar por Partidos revolucionarios, los que tienen miedo hasta de mentar su nombre, reconocer que sigue existiendo? ¿Qué trasparencia si no se apoya a un Partido Político con fuerza suficiente para exigir un auténtico control parlamentario? ¿Vigilancia por Internet, al estilo de Gran Hermano? ¿Reforma de la Constitución sin un Partido Político en que sustentarla? ¿Al estilo de la que han hecho los bipartidistas, a pesar de toda la vigilancia de Internet? ¿Que la imponga el ejército? ¡Ilusos! ¿Cómo pueden presentar propuestas políticas los que ni siquiera saben ponerse los pantalones, que los llevan colgando como Cantinflas, enseñando los caloncillos, las bragas, el tanga o los cachetes y la raja del culo?

    • raromerol dijo:

      Un modelo auspiciado por Internet requeriría un Gobierno, una mayoría parlamentaria, un Partido Político, que estuviesen dispuestos a dejarse influir por las aportaciones a través de Internet. Además de que ello sería injusto, pues daría preeminencia a los que disponen de aparatos conectables y conexiones a Internet frente a los ciudadanos que carecen de ellas, de capacidad adquisitiva para mantenerlos ¿Cómo van a hacer caso de Internet quiénes no hacen caso de manifestaciones públicas mayoritarias, huelgas generales, ni siquiera amenaza, bastante creíble, de perder las elecciones? Porque siempre han apostado por el turnismo, por repetir el “modelo” antidemocrático que imperó en España desde la primera restauración borbónica hasta el golpe de Estado del golfo del General Miguel Primo de Rivera. Me gustaría saber si los que apoyan una cómoda democracia participada por Internet acudieron en Sevilla a las reuniones de la democracia participativa potenciada desde Izquierda Unida cuando formó parte del gobierno municipal. O si se sumaron a las manifestaciones y huelgas sindicales convocadas por los sindicatos. Porque es más cómodo sentarse frente al ordenador y esperar que los demás obedezcan nuestras órdenes y deseos, tranquilamente, sin mayores esfuerzos ni análisis. Sólo una derivación del voto hacia la verdadera izquierda podría asustarles lo suficiente como para dar marcha atrás a sus ataques contra los trabajadores y clases populares, y obediencia y adoración a Bancos, mercados y poderes extranjeros.

  3. Webber dijo:

    La solución al bipartidismo que nos asfixia no la vislumbro en un nuevo Partido que como los mejores revolucionarios acabaría adocenado y corrupto, más bien en regenerar la Política, imponer una trasparencia y vigilancia totales de nuestras cargos y en traspasar las grandes decisiones a la ciudadanía. Creo más en un cambio de modelo, auspiciado por Internet, que en la mejora del actual. Todo ello exige una reforma a fondo de nuestra Constitución.
    +1

    • raromerol dijo:

      La solución al bipartidismo es votar por otros Partidos Políticos ajenos al bipartidismo, que no se aproximen a uno u otro, sino que critique a ambos, precisamente en lo que ambos defiendan o se coaliguen en medidas contrarias a los trabajadores, los derechos sociales y los de la población carente de medios de fortuna. Los Partidos que acaban adocenados son aquellos en los que no existe democracia interna, se nombran los cargos a dedo, por el sátrapa de turno, que se confirma en su jefatura por aclamación de sus subordinados, que llena sus congresos con cargos electos, políticos a sueldos, que defienden sus poltronas antes que un cambio revolucionario. Aquellos en los que no militan personas con ideas revolucionarias, que participen en sus asambleas y congresos, los controlen e impiden que se adocenen y pierdan su influjo revolucionario. Pero para ello los votantes deberían ser revolucionarios y no comodones que prefieren no votar, no cansarse con ello, no tener que pensar en decidir el voto.

      Tendrían que ser revolucionarios los votantes, a los que no les de miedo votar por Partidos revolucionarios ¿Qué revolución querrán los que se asustan de votar por Partidos revolucionarios, los que tienen miedo hasta de mentar su nombre, reconocer que sigue existiendo? ¿Qué trasparencia si no se apoya a un Partido Político con fuerza suficiente para exigir un auténtico control parlamentario? ¿Vigilancia por Internet, al estilo de Gran Hermano? ¿Reforma de la Constitución sin un Partido Político en que sustentarla? ¿Al estilo de la que han hecho los bipartidistas, a pesar de toda la vigilancia de Internet? ¿Que la imponga el ejército? ¡Ilusos! ¿Cómo pueden presentar propuestas políticas los que ni siquiera saben ponerse los pantalones, que los llevan colgando como Cantinflas, enseñando los calzoncillos, las bragas, el tanga o los cachetes y la raja del culo?

  4. raromerol dijo:

    Me parece mal que se llame socialistas a los miembros del PSOE: es un insulto a los verdaderos socialistas

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