Han soltado a los tontos


No se si la Iglesia Católica de nuestro país establece un mínimo de capacidad intelectiva para promocionar a los pastores de sus rebaños provinciales, pero si lo hace, y a tenor de los últimos ejemplos, tiene el rasero muy bajo.

A un pastor de esta grey, que andaba por allá perdido en una diócesis de tercera, cerca del Ebro, se lo traen al Sur, comienza a decir tonterías y todavía no ha parado.

En menos de dos años, el monseñor de marras ha hablado de una “conspiración de la Unesco para hacer homosexual a media humanidad”, ha negado el carácter de “Mezquita”, abdicándolo con el de “Catedral”, a una construcción milenaria, emblema de una ciudad, una cultura y religión, que es unívocamente islámica pese a su fe de carbonero, y, en plena disentería, se ha referido a las maldades de la sociedad que “conducen a la fornicación excesiva”.

“Huid de la fornicación” dice el curato en una carta pastoral, que menos mal que va dirigida solo a sus fieles. O sea, a su rebaño. En este opulento protagonismo que quiere asumir el pastor, no se sabe si destaca más por sus síntomas o por su diarrea. Y da que pensar que tenga que ser el sexo el vehículo cómplice de tanta proeza. Como si esta secta universal no tuviera ya bastante con los millares de casos de pederastia que se destapan a diario en todo el “urbe et orbi”.

Con la que está cayendo en nuestro mundo en forma de crisis mafiosa de la economía para que venga un “illuminati” cateto a decirle a los millones de parados que tienen que hacer con su sexualidad. Y además, utilizando un verbo latino inadecuadamente al contexto al que quería referirse ( fornicari tiene que ver con la relación sexual con prostitutas).

Da grima la Iglesia de nuestro país. No han hecho un mínimo ejercicio crítico de su decisiva contribución a una monstruosa guerra civil, no se ha disculpado por ello, recibe una no menos monstruosa subvención estatal, no pagan impuestos, intrigan contra la sociedad, los gobiernos y las leyes civiles y son de una cortedad de miras y de espíritu que alucina.

Vivo en la misma ciudad que el lumbreras a que me refiero, pero obsceno contra obsceno, creo que estaba en la jaula de los tontos, y, de pronto, lo han soltado.

Acerca de lucasleonsimon

Naci en Córdoba en Agosto de 1947 en el seno de una familia republicana, represaliada por el franquismo. A los catorce años comence a trabajar en la empresa Cenemesa, mas tarde Westinghouse y mas tarde ABB. Me inicie en el sindicalismo y la política clandestina al mismo tiempo. Fui concejal del Ayuntamiento de Córdoba entre 1983 y 1987 en el gobierno de Julio Anguita. Desde 1985 he ejercido el periodismo de opinión en medios como Diario 16, Nuevo Diario de Córdoba, La Tribuna, La Información, Diario de Andalucia y Agencia Efe.
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3 respuestas a Han soltado a los tontos

  1. Javier Ochoa Perez dijo:

    Excelente reflexión que comparto totalmente.

    Con la iglesia hemos topado, Charles Chaplin, dijo:
    No creo en la Religión por puro sentido común.

    Una vez leí que un grupo de indíginas peruanos le devolvieron una Biblia al Papa Juan Pablo II cuando visitó Perú
    Ellos le dijeron. En cinco siglos no nos ha dado amor, ni paz, ni justicia. Por favor tome su Biblia y devuélvala de nuevo a nuestros opresores, porque ellos necesitan más sus preceptos morales que nosotros.

    Creo que no hace falta comentar más por mi parte. Por el momento.

    Un cordial abrazo.

  2. Carmen dijo:

    Iglesia = Inquisición = locos de remate.

  3. raromerol dijo:

    No podía comprender que pasase tanto tiempo sin que publicases este artículo. Tal vez la concatenación de hechos más inmediatos, que se “pudren” antes o afectan a colectivos más numerosos. Voy a sumar, adicionar, algunas cosillas. Según el Derecho Canónico, eclesiástico (¿asambleario?) del catolicismo, está terminantemente prohibido utilizar ningún lugar que previamente haya servido para el culto de ninguna otra religión para liturgias (en griego denominaba los ¿impuestos? no impuestos, tributos, no asignados a las tribus, voluntarios, personales o familiarias, para dotar los festejos, la iluminación de las calles, los juegos deportivos y las “hecatombes” o sacrificio de 50 animales a los dioses, durante las fiestas patronales de las respectivas ciudades, lo que daba mucho prestigio y, en base a ello, conseguir muchas corruptelas, compensaciones y beneficios, curatelas y regalías) católicas, universales, aunque más bien del conjunto helénico mediterráneo. Claro que, en España, los dogmas, mandamientos, las normas y la infalibilidad del Papado se toman según interese. Por ejemplo, en Sevilla se quemaba vivos a los que, en medio de la tortura, no supiesen contestar atinadamente al interrogatorio sobre la inmaculada concepción de la virgen (en griego “partenos”, que también puede significar doncella, en el sentido de mujer joven, que aún no hubiese parido) Miriam… ¡cuatro siglos antes de que el Concilio Vaticano Iº lo considerase dogma de fe, para atraer la intervención española contra la liberación de garibaldistas, piamonteses y franceses de los territorios ocupados por los Reinos Pontificios, ya que su aliada Austria estaba siendo derrotado, junto con el de la infalibilidad papal incluso cuando fuese en contra de los Concilios, que, según el mismo Derecho Canónico, están impregnados y dirigidos por el Espíritu Santo, que debe tener menos poder terrenal ¡Que adelantados hemos sido siempre! ¡Más papistas que el propio Papa!

    Pero lo que más me llamó la atención de dichas declaraciones es que tal señor, al que no llamo monseñor, “monsieur”, porque no es nada mío, daba a entender que él sí tenía una sexualidad sana, a lo cual atribuía la inteligencia de unos frente a la obnubilación de otros ¿Y cómo se desfogará el dicho señor de Córdoba, de los cordobeses, con el fornicio o con la pederastia? ¡Que Dios nos coja confesados! ¡A todos! ¡Pero que no nos coja él, aunque ya hayamos pasado la infancia! Es comprensible con tal dirigencia, inteligencia (¿Madrugará mucho dicho señor? ¡Jesucristo!) con tales desfogues, que Cajasur haya llegado a la más desastrosa de las ruinas.

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