Las dos Españas y sus entierros


Han fallecido casi al mismo tiempo. En Madrid, Manuel Fraga. En Montilla, Francisco Carmona, Frasquito Ojos Claros.

Fraga fue ministro de Franco, arrancador de teléfonos y “propietario” de la calle a tiro limpio. Frasquito fue un sindicalista, perseguido, encarcelado y torturado una decena de veces.

Fraga fue un político profesional, siempre cercano al poder y a sus aledaños, impetuoso, colérico y defensor a ultranza de los privilegios de una determinada clase social.

Frasquito fue una persona honesta, fiel a sus principios, amable y dialogante con todo el mundo, especialmente con sus adversarios políticos.

Fraga ha sido enterrado con honores de hombre de estado, entre borbones, gaitas y el odio de sus víctimas y sus familiares, y Frasquito en un humilde cementerio de pueblo, pero con la admiración y cariño unánime de todos sus paisanos, especialmente de los contrarios a sus ideas políticas.

Se ha hablado mucho de la capacidad de trabajo de Manuel Fraga y casi nada de la de Frasquito, que con 92 años seguía siendo el secretario local de CC.OO en Montilla, sin cobrar un céntimo, barriendo y fregando diariamente el local sindical y aportando de su propia cosecha el barrilito de vino para que no faltara el toque humano en la actividad sindical.

Entrevisté hace años a Frasquito para un periódico de la provincia. Me decía que se tenía que levantar muy temprano porque en el trayecto de su casa al sindicato le paraban a saludarle muchos vecinos y paisanos. Frasquito, represaliado y torturado dramáticamente, no tenía nunca una mala palabra ni critica amarga hacia nadie. A todos decía el verbo ingenioso y dicharachero que le caracterizaba. Frasquito era, a un tiempo, la sensatez y la bondad.

Me viene a la mente la idea de las dos Españas machadiana. De un lado veo la jubilación de Francisco Luzón, del Santander, con una indemnización de casi 67 millones de euros, el cambio de estatutos del Bilbao Vizcaya para que Francisco González pueda jubilarse con otros 80 millones y un buen paquete de acciones, la declaración de que José María Aznar ha ingresado en el último año 1,5 millones como dietas y cobros por conferencias, sin renunciar a su paga de ex presidente y cómo Felipe González es fotografiado las pasadas navidades en un yate, orondo como un cerdo, fumándose un puro junto a una espectacular mujer rubia.

Y ahí están las dos Españas. Una victima de la otra. Simbólicamente, Frasquito Ojos Claros, austero y feliz con una mínima pensión, a sus 95 años, (una media España) y una caterva de maleantes, delincuentes y embutidos del peor cerdo (la otra media) que, además, quieren pasar por banqueros u “hombres de estado”.

Cuando te hagan panegíricos de este u otro personaje, no te dejes engañar. Pide la garantía. Frasquito la tenía. Lo demás son gaitas.

Acerca de lucasleonsimon

Naci en Córdoba en Agosto de 1947 en el seno de una familia republicana, represaliada por el franquismo. A los catorce años comence a trabajar en la empresa Cenemesa, mas tarde Westinghouse y mas tarde ABB. Me inicie en el sindicalismo y la política clandestina al mismo tiempo. Fui concejal del Ayuntamiento de Córdoba entre 1983 y 1987 en el gobierno de Julio Anguita. Desde 1985 he ejercido el periodismo de opinión en medios como Diario 16, Nuevo Diario de Córdoba, La Tribuna, La Información, Diario de Andalucia y Agencia Efe.
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6 respuestas a Las dos Españas y sus entierros

  1. José Antonio dijo:

    Un emotivo panegírico Lucas, y tierno como imagino a Frasquito. Muchas gracias por tus preciosas palabras para con ese para mí desconocido a quién, de alguna forma, ya le he puesto imagen.

    Un manifiesto contraste con todo lo vomitivo que se ha dicho y escrito con relación a ese otro ‘personaje’ al que no creo que quieran ni sus propios demonios.

  2. guanabacoa dijo:

    Si bueno, como siempre, es el articulo de Lucas Leon, mejor el comentario de Jose Antonio.

  3. ¡Magnífico artículo, Lucas! El contrapunto, además de homenajear al sindicalista perdido irremediablemente, desinteresado, abnegado, de los vestigios que quedan, pone en el lugar que les corresponde a “los otros”. Pero quisiera resaltar también el mérito de los que son capaces de reconocer, más aún, de expresar, públicamente, admiración por quienes consideran su adversario ¡Ojalá hubiese muchas personas así! Porque lo habitual es la puñalada por la espalda, en aras de los egoistas intereses personales, de impedir que nadie les haga sombra, les pueda dificultar su ascenso, les critique, no sea sumiso, vasallo (lealtad, le llaman, los desleales, los que carecen del menor compromiso hacia una clase social o ideología, sólo a sus grupos de interés, a sus guerras privadas) o coincidente, en toda ocasión, tiempo y lugar, incluso aunque, lo quieran o no, compartan contigo la misma trinchera.

  4. Camilo Rosell dijo:

    El relato de personajes singulares quizás nos haga pensar mejor, aunque sigamos actuando de la misma forma. “Ojos claros” debió de sonreir mucho en su larga vida, mientras, sentado, veía como desfilaban los cadáveres de sus enemigos hacia el cementerio.

    • raromerol dijo:

      Sentado no: combatiendo, resistiendo, sobreviviendo. Las guerras no las ganan los héroes que mueren en el intento, aunque colaboren a la victoria, ni los que esperan a que las combatan los demás, aunque estén dispuestos a sumarse al desfile triunfal, colocarse insignias y condecoraciones y repartirse prebendas, agasajos, méritos y ventajas, sino los resistentes que continuan con vida, sin soltar el fusil, cuando el enemigo ha desaparecido, de una u otra forma, aunque no sea camino del cementerio; es decir: cuando ha dejado de ser enemigo.

  5. Carmen dijo:

    Muy bueno, buenisimo el comentario.

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