La estupidez estupenda del estúpido Rosell


Ahí, donde lo ven, este señorito –como su propio nombre indica- es catalán, aunque ejerce de paniaguado del centralismo (patronal). Tiene un curioso segundo apellido, “Lastortras”, y parece que en ocasiones su verdadera vocación es esa: echarle azúcar a las “tortras”.

Nació en Barcelona en 1954, y en aquel tiempo cualquier niñato de familia bien, hijo y sobrino de pequeños industriales tenía la obligación de gestionar algo, aunque fuera una fábrica de juguetes. Se alimentaba de escudella, quiso estudiar periodismo pero los profes tenían la mala costumbre de suspenderlo, en junio y en septiembre. El que vale, vale, y el que no, como él, a estudiar ingeniería industrial, con recomendación y enchufe.

De pronto, Joan, se hizo liberal, se pegó un atracón de Friedrich August von Hayek y en plena fiebre narcotizante se afilió al The Mont Pelerin Society, una sociedad liberal-masón-ocultista que le ha dejado tarado de por vida.

– ¿Y tú que vas a ser de mayor?
Mitad pelotas y mitad neo com.
– No se dice pelotas. Se dice pepero.
– Bueno, seré de la CEOE y daré “cursos de formación”.

Y Joan escribió un libro. Un bodrio de no te menees que hablaba de España y las direcciones equivocadas. Lo suficiente para que Martín Villa se fijara en él y lo nombrara presidente de Fecsa-Enher. Se miró en el espejo de la inutilidad retribuida en los aledaños de la Vía Layetana, se marcó unos pasos de sardana y tuvo claro su objetivo: con la ayuda de Dios, y Rajoy su profeta, iba a acabar con cualquier resto de proteccionismo keynesiano en la legislación laboral. De Spain, aunque él era sólo un fontanero con barretina.

– ¿Usted es el president de Fomento del Trabajo?
– Ahora si que si.
– ¿Pues andamos buscando a un estúpido como usted?
– ¿Para?
– Substituir al Díaz Ferrán, que se lo ha llevado calentito.

Dicho y hecho, el antiguo juguetero de Congost pidiendo que se acabe con el derecho de huelga y diciéndole a sus coleguitas en la dirección: “No reíros, que si no…” mientras se rascaba la barriga del decretazo.

Ya estaba todo trabado ontológicamente. Y Rosell de tonto útil. Y Mariano de colaborador necesario. El mundo estaba lleno de rojos y obreros con derechos a indemnización por despido. Y pegaron un sartenazo poniendo a una gili de Huelva como pantalla: la “virgen” de Fátima con mosquitos o algo así, en versión ppija, opusdeista y tal, y a la “hija del General del Gal”, blindando el atraco.

– Soy Napoleón.
– ¿Qué dice este?
– La Huelga General soy yo.
– Atadle bien, que se nos pira.

Joan, bebiendo en el río de la estupidez completa quiere pasar a la Historia. Lo va a despertar un juguetito de Congost. El que le echaba azúcar a las “tortras”.

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Acerca de lucasleonsimon

Nací en Córdoba en agosto de 1947 en el seno de una familia republicana, represaliada por el franquismo. A los catorce años comencé a trabajar en la empresa Cenemesa, más tarde Westinghouse y más tarde ABB. Me inicié en el sindicalismo y la política clandestina, al mismo tiempo. Fui concejal del Ayuntamiento de Córdoba entre 1983 y 1987, en el gobierno de Julio Anguita. Desde 1985 he ejercido el periodismo de opinión en medios como Diario 16, Nuevo Diario de Córdoba, La Tribuna, La Información, Diario de Andalucia y Agencia Efe.
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