La ciudad iglesia


 interior-iglesia-de-san-hipolito-el-real_12816

En aquella ciudad fantasma reinaba un fuerte, único olor: el incienso. Los supervivientes vivían en aroma de sacristía.

Todo había sido inmatriculado. El laberinto de sus calles milenarias había sido sellado por el pergamino de la “innombrable”. Los fugitivos habían huido dejando sus casas y propiedades con las puertas abiertas. Los palacios, las mansiones señoriales, las cafeterías, los baños, las pastelerías… habían pasado a ser escrituradas  a favor del Gobierno de los Canónigos.

El viento había derribado los anaqueles de algunas viejas tabernas, cuyo líquido contenido había sido expropiado y libado en aquelarre para la Santa Misión.  Los patios, floridos en sus macetas de fiesta, estaban poseídos por la oración reglamentaria.  Desde el patio de los naranjos de nereidas de azahar salía cada mañana la stasi clerical, el incansable dedo,  que revisaba sus inmensos bienes registrados y hurgaba minuciosamente en alguno que se le hubiera escapado al celo de los deanes.

Ni los perros, exorcizados, transitaban por las calles. Bajo el polvo que se iba acumulando en las infinitas posesiones de plazas, mercados, pocitos, triunfos… otrora públicos, crecían altares, cruces de hierro y penitenciales, imágenes horrorosas de cristos martirizados y vírgenes en su lento carro de bueyes rojos.

Los habitantes, deambulaban, sonámbulos o fugitivos,  por las aceras llenas de derretida cera, restos de autos de fe carbonaria y piras inquisitoriales. Los capelos se reflejaban en las esferas de todos los relojes desteñidos y al final de cada jornada una muchedumbre de rezos repetía la imagen fija de los sucesivos espacios: un obispo, con cara de campesino aragonés, que había iniciado la antigua cruzada expoliativa.

Las leyendas decían que el camino de aquella “salvación” se inició en una antigua mezquita, que se inmatriculó a escondidas, se convirtió por la fuerza del engaño y de la fe redentora en la Santa Iglesia Catedral y que se extendió en infinitos círculos concéntricos, como un Dante sin Beatriz, por la ciudad votiva, en el frio invierno de las sotanas.

Cayeron plazas, cajas de ahorro, las flores de mayo, los vientos del bosque, los capiteles de las esquinas, la sangre de las venas… todos inmatriculados para y por la tiranía cabildo-catedralicia.

La sequía de la ciudad iglesia, fanatizada por pícaros, místicos de la cuenta corriente, melones clericales e higos chumbos con rosario era en realidad la esencia misma de la peste.

Negra. Ite, missa est.

Anuncios

Acerca de lucasleonsimon

Nací en Córdoba en agosto de 1947 en el seno de una familia republicana, represaliada por el franquismo. A los catorce años comencé a trabajar en la empresa Cenemesa, más tarde Westinghouse y más tarde ABB. Me inicié en el sindicalismo y la política clandestina, al mismo tiempo. Fui concejal del Ayuntamiento de Córdoba entre 1983 y 1987, en el gobierno de Julio Anguita. Desde 1985 he ejercido el periodismo de opinión en medios como Diario 16, Nuevo Diario de Córdoba, La Tribuna, La Información, Diario de Andalucia y Agencia Efe.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a La ciudad iglesia

  1. Rafael dijo:

    He tenido una cierta confusión al leer eso de la Stasi, sería la Gestapo lo más apropiado.
    De todas maneras es agradable comprobar que la dialéctica es una cosa buena, y que existen todavía personas que la conocen, y por eso la crítica beneficia siempre al criticado.
    Separó la luz de las tinieblas y comprobó que era bueno.
    Pasee por el patio de los naranjos, olí el incienso, unido al del azahar, y me pareció agradable.
    Saludos.

  2. Dicen los capillitas de Serva la Bari que en Semana Santa, entre el azahar y el incienso, su ciudad huele a “canela”. La “ciudad iglesia” no huele a canela, huele a robo, a sacristía con pederastas, a oficial de la Stasi -sí- con tonsura.
    ¿Que la critica beneficia al criticado? ¡Quédate en Castilla-La Mancha! Te cogen por aquí estos “benefciados” y tus avispadas compras de acciones a la baja de metales cobre y aluminio, te las inmatriculan! -Han inmatriculado plazas “públicas”, no va a inmatricular acciones de un jubilado, por muy de derechas y beato que sea.-

  3. maría dijo:

    Que pena,que toda Córdoba se convierta en un paraíso,para el clero…¿Por qué esta secta tiene tanto poder ?.¿Quien le da ese derecho?..¿Y por qué no hay nadie que se atreva a ponerla en su sitio y pararla los pies ?…Todas estas preguntas me la hago muy a menudo,no creo que haya otro país en Europa donde el clero haga los expolios que está causando en España y que el Estado le subencione,quitándoselo a los ciudadanos…No lo entiendo,puede que haya una razón,pero yo no la veo,ni la comprendo,ni la admito..

    Cuantas mafias nos rodean hoy en España y el clero,pieso yo, es la más grande..
    Lucas como siempre un placer.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s